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  • Sarah Miller

Misioneros Sin Movimiento

Seamos realistas, los últimos dos años han sido difíciles. Para todos nosotros.

Hace unos dieciocho meses, acababa de llegar a casa justo antes de que la pandemia golpeara a mi país. Durante los seis meses anteriores a eso, había estado viviendo uno de mis sueños: ser personal de la Escuela de Escritores. Finalmente estaba haciendo un trabajo al que sabía que Dios me estaba llamando. Fue un desafío, pero sentí que por primera vez estaba trabajando activamente en un rol que Dios tenía sólo para mí.

Me pregunto si también has experimentado un remezón similar. ¿Cómo puedes pasar de un momento de tanta victoria, viendo a Dios obrar a través y para ti, a sentirte inútil y sin dirección? ¿Cómo se supone que los misioneros hagan la obra cuando no podemos ir al campo misionero?

La cuestión es que, incluso en tiempos de interrogantes que nos estresan, Dios sigue ahí. Todavía está escribiendo la historia, incluso cuando parece que no hay nuevos párrafos para leer.

Incluso si no podemos hacer el trabajo misionero tradicional, recordemos el impacto que tenemos en nuestros hogares. Si bien puede ser frustrante no poder ir a las personas y lugares a los que nos sentimos llamados, aún podemos aprovechar al máximo nuestro tiempo donde estamos.

Debido a esta temporada, he hecho conexiones que de otra manera probablemente nunca hubiera hecho. Hice nuevos amigos y fortalecí viejas relaciones. No he podido salir de mi región ni ver a mi familia ni hacer ninguna obra misionera típica. Pero he podido sentarme con amigos en medio de profundas luchas. He podido conectarme con líderes y demostrarles mi aprecio. Incluso he podido formar parte de un grupo de amigos que se apoyan mutuamente cuando la vida se complica.

Si bien muchos de nosotros nos sentimos estancados y tenemos muy pocas opciones, recuerda no descuidar el lugar donde te encuentras aquí y ahora. Busqua formas de acercarte a tu comunidad: grupos de jóvenes, lugares de obras sociales, o incluso clubes de lectura. Puedes impactar a las iglesias que te rodean, apoyar a los líderes que tienes, animar y apoyar a las personas cercanas a ti.

Podemos soñar con el futuro y hablar con Dios sobre sus planes para nosotros en el gran y ancho mundo, sin dejar de ser fieles para cuidar de donde nos tiene ahora. Es más grande que la política, el precio de los boletos de avión, las enfermedades... e incluso nuestros propios miedos. Su trabajo a través de nosotros no se limita a trabajar en el campo misionero, puede suceder donde todos estamos ahora.